Starter, Punto Cero, Scratch, Lasser, El Faro, Iguana, El Coto… discotecas ochenteras de Zaragoza. Todas tuvieron su punto álgido y su decadencia lógica con el paso del tiempo. Pero como leíamos por entonces en los cómics de Astérix… ¿TODAS? ¡NO! Una pequeña discoteca resiste. Por resistir, ha resistido hasta al cambio de denominación de la calle donde sigue ubicándose, José María Lacarra (antiguamente General Sueiro, zona de León XIII). Su nombre: Green. Bueno, todo el mundo decía «vamos a Green», pero en realidad en el rótulo que lucía encima de su entrada figuraba «Green, Green, Green», como queriendo aumentar el aforo de su pequeño local ampliando su nombre.

Green (fachada)
Fachada de Green en la calle General Sueiro

El propio Houdini hubiera deseado incluir en su espectáculo un número como del que yo disfrutaba los viernes, día grande de la semana, cuando iba a «pinchar» y veía cómo una masa ingente de gente que abarrotaba las aceras cabía en ese pequeño local que era (y sigue siendo) «Green».

¡Buenas tardes señor Juan! ¡Buenas tardes Nati! ¡Buenas tardes Andrés! ¡Buenas tardes Ismael! ¡Buenas tardes Vicente! Padre, hijos y cuñado, negocio tan familiar que era como entrar en casa de tus tíos o en la peña de tu pueblo en fiestas a bailar. Música pegadiza, discotequera, ochentera, de lunes a domingo de seis y media a nueve y media de la tarde, tres horas de auténtica locura: Cerrone, Supermax, Donna Summer, Love and Kisses, The Ritchie Family, La Bionda, Bee Gees, Rod Stewart, Patrick Hernández, Ryan Paris, Amii Stewart, Boney M y un número incontable de artistas que nos han dejado impresas en la memoria tantas y tantas canciones y recuerdos.

Ahora ya estamos dentro, está oscuro ¡bien! A la izquierda, posiblemente los primeros pechos desnudos que habrán visto muchos adolescentes zaragozanos, fotografías en blanco y negro dignas de David Hamilton iluminadas con pequeños focos. A la derecha, la barra. ¿Quién no se acuerda de Ricardo? Aquel muchacho procedente de Guinea Ecuatorial que se pagó sus estudios de medicina sirviéndonos «sanfranciscos», «lugumbas», «destornilladores» y cervezas.

Ya hemos cambiado el tique de la entrada por su correspondiente consumición y llegamos al «sancta sanctorum» de «Green», cuatro anchas columnas delimitan la pista de baile circular. De lunes a jueves llena de uniformes del «Sagrado Corazón», «Teresianas», «Jesús y María», «La enseñanza» y alguno que seguro que me dejo en el tintero; y los viernes llena de falditas de cuadros escoceses, «Levy’s», «Lacoste», «Fred Perry» y «Castellanos», vamos los que antaño se denominaba «pijerío».

Green (cabina)
Pedro Avellana en la cabina de Green

Y todo ese grupo de gente maravillosa moviéndose al ritmo de canciones «llenapistas» como Knock in Wood o La Dolce Vita. Qué fácil era «pinchar» en «Green», no tenías que pensar qué canción sonaría después, los mismos chavales te hacían peticiones de canciones durante toda la sesión ¡y qué manera tan simple de hacer amigos durante todos esos años tan sólo cumpliéndolas!

Y de repente… ¡la oscuridad! A las 8 de la tarde, puntual como siempre. En mitad de la sesión unos fluorescentes de luz negra y los destellos de la bola de espejos paseándose por las paredes indicaban que había llegado la hora del lento. Una marea humana de chicos comienza a dar vueltas alrededor de la pista con una sola palabra en sus labios: ¿bailas?… no, no, no, no ¡sí! y déjate llevar por If You Leave Me Now, Hotel California, The Year Of The Cat, How Deep Is Your Love y más y más y más y, ¡por favor, que este lento no  acabe nunca! He de reconocer que siempre me ha parecido muy sádico terminar el lento, pero la sesión continúa y una ráfaga de flash y luces de colores girando a toda velocidad convierte el mar en calma de las lentas en el mar de olas que se mueven al ritmo de lo mejor del pop nacional: Los Secretos, Hombres G, Nacha Pop, Radio Futura, La Unión, Objetivo Birmania, Gabinete Caligari, Aviador Dro y, por supuesto… ¡La Puerta de Alcalá! ¡Se alcanza el clímax! El público ya no sólo baila, canta enfervorecidamente los temas que van saliendo de mis platos «Dual» a través de unas fantásticas torres «JBL».

El último cuarto de hora la música española degenera en un popurrí de sintonías de programas infantiles de televisión de toda la vida. Que no me pregunte nadie porqué hice esto en su momento, pero la gente lo siguió pidiendo todos los viernes hasta que dejé esta profesión allá por el 85. ¡Una auténtica locura!

Y a mi pesar llega el momento de pinchar la canción más oída y menos querida de todo el repertorio de la sesión. Al momento de encender todas las luces de la sala suena la sintonía de cierre de «Green» de toda la vida. ¡Cuanta gente me habrá preguntado su titulo e intérprete!

Chicos y chicas abandonan la discoteca, sin prisa, pensando en el próximo fin de semana. En su cabeza todavía suena su canción preferida. Unos salen solos, otros en grupo y los más afortunados en pareja.

Por cierto, si alguien ha echado de menos el «reservado», aparte de que es un salido es tema demasiado extenso para tratar en este libro.

Green (yo mismo por aquel entonces)
Pedro Avellana en una foto ochentera

Pedro Avellana.- Pinchadiscos (que no «diyei») de Green. Green. Green.